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Los ‘moderados’ se anularon entre ellos
12/04/2011 Isaac Bigio

El Perú en el 2011 tuvo una inusual competencia entre 5 rivales quienes llegaron a liderar el primer o segundo lugar en muchas encuestas (todos los cuales acabaron sacando dos dígitos) aunque su resultado es uno que no recuerdo haber visto antes en alguna otra parte del mundo.

Hubo 3 candidatos que se disputaron quienes iban a ser el representante de la continuidad del liberalismo económico y político que ha regido al Perú en todo este milenio frente a la familia que gobernó autocráticamente en los noventas (los Fujimori) o a Ollanta Humala, quien busca que el Perú se encaje en la ‘marea rosa’ continental. Estos fueron el renunciante alcalde de Lima en 2003-2010 Luis Castañeda, el ex presidente del 2001-2006 Alejandro Toledo y quien fuese su primer ministro Pedro Pablo Kuczynski.

Estos 3 aspirantes, pese a que en el pasado no muy distante llegaron a haber hecho alianzas entre ellos mismos contra Fujimori o Humala, no fueron capaces de transigir entre ellos y a la postre acabaron anulándose mutuamente en lo que en una nota anterior describí como el peligro del suicidio de los ‘moderados’.

El resultado es que el ‘liberalismo del siglo XXI’, pese a haber aglutinado un 45% del total de la primera vuelta, se ha quedado fuera de carrera y debe escoger entre dos extremos.

En Francia 2002 la derecha dura llegó al balotaje pero el resto se unió para apoyar al derechista ‘moderado’ Chirac para cerrarle el paso a Le Pen. Todos los principales candidatos que compitieron hoy contra Humala se unieron en el 2006 en su contra para haber llevado al actual mandatario socialdemócrata García al poder.

Esta vez es la primera vez en la que se me viene a la memoria en que un país tiene una situación en el cual la derecha ‘moderada’, pese a que si se hubiese mantenido como bloque hubiese ganado ampliamente la primera y segunda vueltas, ha quedado descalificada y debe optar entre dos modelos muy contrapuestos.

Perú: un singular balotaje

 

En la segunda vuelta peruana los 3 ‘moderados’ se anularon entre ellos mismos. Lo inédito es que hoy ellos deberán optar entre dos populismos extremos: el nacionalista de Humala (31%) y el autoritario de derecha de Fujimori (23%).

En la historia latinoamericana se han dado casos en los que el ganador de una primera ronda termina perdiendo en la final, pero nunca antes en que ello se repita con el mismo candidato en una siguiente vez.

Hoy nuevamente Humala gana la ronda inicial (y, además, con un porcentaje similar) y los que quedaron en el ‘medio’ deben escoger entre si se vuelven a unir contra él o prefieren evitar ello a cambio de que él se siga distanciando del ALBA.

La posibilidad que la Fujimori más que duplique su inicial votación y logre captar el endose de los liberales no es demasiado alta. Tanto ella como su rival hoy deben buscar acercarse al centro para evitar anticuerpos, los cuales van a hacer los que decidan la decisión final, la misma cuyos resultados hoy son inciertos.

Los países que eligen a sus presidentes en una segunda vuelta no son muchos y el balotaje que ha de tener el Perú el 5 de junio va a ser uno de los más singulares de la historia mundial.

En muchas repúblicas la vuelta inicial sirve para nominar quién ha de ser el representante final del bloque de derecha o de izquierda (como ha pasado en Francia, Chile, Brasil o Uruguay). Las segundas rondas que se dieron en Uruguay 2009 y Colombia 2010 fueron para conseguir los relativamente pocos votos que le faltaba al amplio triunfador del primer turno para llegar a la presidencia.

Esto último es lo que pasó en el 2010 cuando Fujimori padre ganó su tercera y efímera presidencia.

Sin embargo, en los otros 3 balotajes que ha tenido esta república se dieron dos escenarios diferentes. En uno (como el de Toledo vs García en el 2001) compitieron candidatos ideológicamente no tan distantes. En 1990 y 2006 quién inicialmente triunfó en el turno original con menos de un tercio fue impedido de vencer en el turno definitorio debido a que el grueso del resto del espectro político se unió para coronar a quien inicialmente había quedado segundo.

Gracias a eso la alianza contra la derecha tradicional llevó a que el centro y la izquierda llevasen a que Fujimori debutase en el poder en 1990, y luego en el 2006 una coalición de todo el centro hacia la derecha logró que García, quien casi no entra al balotaje, aislara al izquierdista Humala.

No se puede repetir ya el ‘todos contra uno’

Hoy Humala y Fujimori entran a una segunda vuelta sabiendo que no va a ser fácil que se de un ‘todos contra una’ contra alguno de ellos. Ambos, a su vez, van a buscar correrse al centro para buscar ganar a los electores de dicho espacio.

Si Humala hubiese entrado a la recta final contra Kukzynski él bien pudiese haber apelado a un discurso izquierdizante para soliviantar a los pobres contra quien pudiese acusar de ser un ‘gringo’ con apellido difícil de pronunciar en castellano y ciudadanía estadounidense. Hoy, más bien, se siente tentado a buscar un acuerdo con las 3 fuerzas que quedaron en el medio y con el gobierno saliente.

Hace 5 años él siente que se le evitó ganar el balotaje debido a que se les estigmatizó como un radical que era marioneta de Caracas y debido a que no logró ninguna alianza con cualquiera de las principales fuerzas de la primera vuelta.

Esta vez él marcó sus diferencias con Venezuela y Chávez casi no se pronunció sobre las elecciones peruanas. Ha sido Chile quien, más bien, ha mostrado abiertamente sus recelos ante Humala.

Ganará el que genere menos anticuerpos

El Perú carece de partidos sólidos y de líderes con capacidad de endose por lo que en la vuelta final el peso de las alianzas no es tan importante como en otros países. Sin embargo, en el 2006 Ollanta pasó del 30.6% en la primera vuelta al 47.4% de la segunda donde ganó el respaldo de la mayoría absoluta del resto del país fuera de Lima, pese a que las demás fuerzas se unieron contra él.  En el 2006 García con cierta dificultad logró evitar que Humala gane la presidencia debido a que contaba con el principal partido del país (el APRA), el mismo que tiene un historial socialdemócrata, y a su capacidad de unir a todo un espectro que iba desde parte de la centroizquierda hacia toda la derecha. Keiko carece de todo ello. Si bien ella apela al clientelismo que tuvo su padre haciendo obras en los rincones más pobres de Lima y del país y buscará unir a sus anteriores contrincantes azuzando el peligro que consistiría que Humala pudiese ser un Velasco o un Chávez, los anticuerpos que tiene el movimiento del único presidente del mundo que fue extraditado a su propio país donde permanece preso puede que sean mayores que los que tenga Humala, quien nunca ha estado en el poder y quien en el 2006 ganó en todo el país fuera del departamento capitalino. Lo que a la postre decidirá quién ha de ser el nuevo presidente peruano es el poder del odio y del miedo. Quién más temores y rechazos genere en su contra es quién va a tener menos posibilidades de llegar a Palacio. Una paradoja es que el ‘liberalismo del siglo XXI’ en el Perú, si bien se ha quedado sin candidato, puede terminar venciendo logrando que los dos extremos giren en torno a sus ideas a fin de evitar perder la segunda vuelta.

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