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Escritor chalaco Marlon Aquino presenta Las Tristezas Fugitivas
06/05/2011 Uncategorized

Lima, may. 06 . El escritor chalaco Marlon Aquino Ramírez presentará hoy el libro Las Tristezas Fugitivas, la misma que empezó a redactar en su barrio de origen, en plena avenida Dos de mayo, en el Callao.

Y es que Aquino tenía 25 años cuando inició la aventura; hoy, 30. Luego se mudó a San Miguel, pero tuvo que volver a su barrio querido porque solo en su primera casa hallaba la tranquilidad que necesitaba para terminar el proyecto novelesco.

“El Callao tiene una mala fama, pero al mismo tiempo tiene una vitalidad que no he encontrado en otros lugares”, explicó.

Como el personaje de Las tristezas fugitivas, el autor también vivía frente a un parque. Ahí cada fin de semana, burbujean bulla, alegría y desfachatez, esa vitalidad que le falta al distrito donde hoy radica.

El narrador, egresado de la universidad de San Marcos, agrega que en la novela “de alguna manera quise abordar a los otros chalacos que vivimos en el puerto. No todos somos los que aparecen en la catástrofe que pintan los medios”.

La novela tiene un tono nostálgico. Y Aquino explica que ha envuelto su obra y personaje un poco la “Nostalgia chalaca”, ese sentir del chalaco que Manuel Raygada resumió en una polka homónima.

Literatura a mano

La escritura del libro es una rareza: literalmente fue un manuscrito. Es decir, hecho a mano. Es que Aquino, aunque ciudadano del siglo XXI y bloguero, se siente muy cercano a los novelistas decimonónicos. Que para escribir ficción la computadora es bastante impersonal.

Volver al Callao para reescribir la novela le permitió llegar a una versión final muy distinta al primer relato (más ligado a la nostalgia de amor romántico). Le dio al personaje el tono adecuado: el de un viejo que se enfrenta a sus propios demonios en un largo monólogo.

Para el autor, “escribir la novela ha sido como un exorcismo, como un alejarme del temor a lo que podría pasarme”: Las tristezas fugitivas transcurren a mediados del siglo XXI, cuando “Antonio” tiene 70 años, aproximadamente, pero no es una obra futurista sino nostálgica.

El anciano protagonista retorna al país desde México y asume el fracaso de no haber hecho la carrera literaria que lo mandó a marcharse de joven; se reencontrará con su pasado a partir de un manuscrito que escribió muchos años atrás.

Y esa es la segunda lectura: hay otra novela encerrada en otra, un tributo estructural al Paul Auster de La noche del oráculo (2004), que también juega con estas “cajas chinas” de la escritura.

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