Lima, 08 de Enero del 2026.-Un grupo de amigos sale del trabajo un jueves por la tarde y se encuentra en una terraza de Lince. Piden cervezas, reservan la mesa desde una app y, mientras esperan el piqueo, uno transmite en vivo un torneo amateur de e-sports. El otro comenta un documental que está viendo por streaming. La conversación se cruza con notificaciones, emojis y links compartidos al instante. Están juntos, pero también conectados. Y eso, hoy, define el tiempo libre en la ciudad.
Una ciudad que consume cultura desde la pantalla
En Lima y otras ciudades peruanas, los hábitos culturales y de entretenimiento cambiaron sin aspavientos. Lo que antes era salir al cine, ahora puede ser armar una maratón de series en casa. Lo que antes era comprar entradas en boletería, hoy se hace con un código QR y un clic. La cultura urbana no ha desaparecido, sino que se ha transformado en algo más personalizado y digital.
El streaming es parte de esa transformación. Según datos de la OMPI.pe, el consumo de plataformas como Netflix, Prime Video y Spotify crecerá en más de un 10 % en Perú en los próximos años. No está cambiando lo que vemos, sino cómo lo vemos. El celular es la nueva butaca.
Pero no todo pasa en casa. En los parques, en las galerías, en los bares, se mezclan escenas de ocio presencial con interacciones digitales. Una exposición se comparte en Instagram antes de ser recorrida. Un show callejero se graba en TikTok y se vuelve viral. La calle ya no es solo un lugar físico, también es punto de conexión.
Juegos, pantallas y rituales urbanos en movimiento
Si hay un espacio donde se nota cómo lo digital se fusiona con la vida cotidiana, es en los encuentros sociales urbanos. Ya no se trata solo de conversar o brindar: el celular también está en la mesa. Mientras uno revisa sus redes, otro abre una app de entretenimiento.
La segunda pantalla no compite con el momento, lo acompaña. Incluso, algunos suman experiencias más inmersivas a través de plataformas como Caliente.pe, donde juegos de casino en línea permitan disfrutar de partidas rápidas desde el celular sin salir del bar o la sala.
Para muchos, alternar entre la charla y el juego digital es parte natural del tiempo compartido.
Turismo cultural sin moverse del barrio

La pandemia forzó una pausa, pero también abrió nuevas formas de recorrer el país. Varios museos nacionales ahora ofrecen visitas virtuales o exposiciones interactivas, como el MALI.pe o el Lugar de la Memoria. Familias en San Juan de Lurigancho o estudiantes en Trujillo pueden conocer colecciones completas sin gastar en transporte ni entradas. Esto democratiza el acceso y redefine lo que entendemos por “salir” a un museo.
A la par, plataformas locales han creado rutas culturales urbanas que se exploran con audioguías desde el móvil. Caminar por el Centro de Lima con auriculares puestos puede ser una experiencia tan rica como una visita presencial guiada. La ciudad se narra sola, y el teléfono es el nuevo mediador.
Ocio 3.0: no es escapismo, es una nueva forma de habitar
La digitalización del ocio no es solo comodidad. También representa una forma distinta de habitar el tiempo libre. Conecta, reorganiza y da poder de decisión sobre cómo, cuándo y con quién disfrutarlo.
Mientras tanto, el reto está en no perder lo colectivo. En hacer que la tecnología no aísle, sino amplifique. En Lima, Arequipa, Cusco y más allá, ya se ven ejemplos de cómo lo digital y lo urbano no se excluyen: se cruzan en el parque, en la galería, en el estadio, en el bar.