Lima, 05 de Enero del 2026.- A fin de año, el vision board vuelve a ocupar mesas, pantallas y cuadernos. Mirar lo que no salió, lo que quedó a medias, lo que se vuelve a escribir con la esperanza de hacerlo distinto. Más que un ejercicio de ilusión muchas veces es un balance silencioso. Una forma de ordenar deseos después de revisar el año que termina.
Entre viajes, proyectos laborales y objetivos financieros, hay una palabra que aparece casi sin excepción: bienestar. A veces escrita en grande, otras graficada en imágenes de movimiento, calma o comida saludable. Está ahí, ocupa un lugar central, pero rara vez viene acompañada de una idea clara de cómo llevarla a la práctica.
El problema no suele ser la falta de intención, sino la dificultad para traducir ese deseo en acciones concretas. El bienestar se anota, se visualiza, se posterga. Y en ese recorrido, queda muchas veces reducido a una palabra que suena bien, pero no siempre se ejecuta.
Desde la mirada de Sergio Pérez, coach y jefe del departamento técnico de Smart Fit, el primer paso no es exigirse más ni plantear cambios drásticos, sino ordenar qué significa bienestar para cada persona antes de intentar cumplirlo. Para eso, propone detenerse y hacerse algunas preguntas que ayuden a que el vision board no quede solo en papel:
Con esas respuestas más claras, el área de bienestar del vision board deja de ser una idea difusa y puede convertirse en un recordatorio cotidiano. No frases aspiracionales vacías, sino mensajes que conecten con la acción. Algunas que pueden ayudar a completar ese espacio son:
Al final, el objetivo es colocar la palabra bienestar en el vision board y aprender a completarla con decisiones posibles. Porque solo cuando esa intención se convierte en decisión, el tablero deja de ser una imagen y empieza a transformarse en una práctica real. Contar con espacios accesibles y acompañamiento profesional, como los que ofrece Smart Fit, puede ser un primer paso para convertir esas metas de movimiento en hábitos sostenibles a lo largo del año.