Lima, 06 de Octubre del 2025.- La historia del Fútbol Peruano tiene varios nombres que infunden respeto, emoción y mucha nostalgia. Para todo el que siga este deporte, hablar de Teófilo Cubillas, Paolo Guerrero o Héctor Chumpitaz es hablar de varios de los mejores episodios de la historia nacional en este deporte, de ocasiones en las que se soñó con tocar la gloria en Mundiales. Estos futbolistas, y otros tantos, son auténticos símbolos que elevaron la presencia de Perú y la hicieron rozar los cielos.
Sus casos son históricos y no han perdido fuerza con el paso de los años. Aunque ahora todo se mueva desde el estadio a los teléfonos móviles, las redes sociales y los streamings en directo, su huella es imborrable para los amantes del fútbol. De hecho, sus casos son de los que haría tembñar incluso a las mejores casas de apuestas de Perú por cómo lograron romper todo pronóstico.
Nadie puede olvidar, por ejemplo, el gol de Cubillas a Escocia en el 78. Un tanto brillante que demostraba que Perú podía subirse al escenario de las grandes selecciones con un talento, carácter y frescura difíciles de igualar. Con un fútbol que enamora y que volvería a pegar zarpazos kmuy similares varias décadas después, con un capitán que fue todo un referente para su generación: Paolo Guerrero.
Fue él quien llevó a la bicolor a la Copa del Mundo tras 36 años ausente. De hecho, sus rivales llegaron a escribir a la FIFA para pedir que le dejaran jugar, tras haber sido sanconado. Sabían que era el hombre que daría espectáculo, el trampolín que catapultaría a la sección peruana con fuerza suficiente como para plantar cara a los grandes equipos de todo el mundo.
Son figuras como las suyas las que mantienen la chispa de la ilusión por el deporte en el país. Quienes vieron a Cubillas brillar en el 78 fueron los que, ya en 2018 en Rusia, alentaron a Guerrero con lágrimas en los ojos. Dos emociones similares, unidas por una misma pasión, en las que el fútbol dejó de ser un simple deporte para ser un espejo que hizo al país verse más grande, más unido y, sí, también más fuerte.
El país animaba al unísono y no quería perderse la ocasión. De hecho, la mera participación de Perú en el Mundial de 2018 llegó a disparar las ventas de televisores al día. Una clara muestra de que todos iban a demostrar esa unión e iban a apoyar a la selección con todas sus ganas.
Puede que la selección no tenga el mejor legado en títulos o estadísticas, pero sí que lo tiene en recuerdos. Muchos son los padres que cuentan a sus hijos el dominio y elegancia con los que el «Nene» llevaba la pelota en el campo, o cómo el «Depredador» se mantenía firme y lo daba todo incluso cuando todo estaba en su contra. Es una herencia invisible, construida opr historias repletas de orgullo y emoción que nos recuerdan cómo Perú también se codeó con los grandes en los mundiales.
Porque, al final, los goles y las victorias no son lo único que queda. Es la sensación de que, cuando los jugadores visten la blanquirroja, todo el país la visten con ellos y les empujan para llegar cada vez más lejos.