Para la Asociación Automotriz del Perú (AAP), estas cifras confirman un deterioro progresivo del tránsito en la ciudad. “Estamos frente a un problema que se ha normalizado, pero cuyas consecuencias económicas, sociales y ambientales son cada vez más severas. No solo se trata de Lima: ciudades como Arequipa y Trujillo también figuran entre las más congestionadas a nivel mundial”, advirtió Jaime Graña Belmont, gerente general de la AAP.
Graña recordó que Lima fue catalogada como la ciudad con mayor congestión de América Latina en 2023 y que, si bien en 2024 descendió al segundo lugar, ello no se debió a una mejora en su tránsito, sino al agravamiento de la situación en Barranquilla. “La velocidad de circulación sigue cayendo, y sin una estrategia de fondo, este colapso será cada vez más difícil de revertir”, alertó.
Desde la AAP advierten que no existen, al día de hoy, políticas públicas eficaces que enfrenten este problema de forma estructural. “Las obras que se anuncian suelen ser reactivas o de corto plazo. Necesitamos una visión integral que ataque las causas del desorden urbano. Eso implica, por ejemplo, contar con semáforos inteligentes que se adapten al flujo vehicular, rutas y paraderos de transporte público bien organizados, una política de chatarreo eficiente que permita renovar el parque automotor con vehículos menos contaminantes, y ampliar servicios como el Metropolitano, corredores complementarios y rutas alimentadoras, con mejor frecuencia y mayor seguridad”, sostuvo Graña Belmont.
A ello se suma, explicó, la necesidad de reforzar la fiscalización, combatir la informalidad en el transporte y facilitar su transición hacia la formalidad, así como garantizar que las revisiones técnicas vehiculares se realicen con rigor y transparencia.
“La congestión vehicular no es una consecuencia inevitable del crecimiento urbano. Es, en gran medida, resultado de la falta de planificación y de decisiones postergadas. Si no actuamos con decisión y visión de futuro, seguiremos atrapados en este círculo vicioso que nos quita tiempo, productividad y calidad de vida”, concluyó el gerente general de la AAP.