Sábado, 28 de Febrero del 2026
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El colapso no es una posibilidad remota: es una amenaza latente

Publicado el 22/07/25

Lima, 22 de Julio del 2025.- La amenaza de colapso estructural en Lima dejó de ser una hipótesis técnica para convertirse en una preocupación inmediata. En los últimos días, derrumbes en los acantilados de la Costa Verde, cierres parciales por grietas en malecones y afectaciones en geomallas de protección han obligado a las autoridades a restringir tramos clave de la vía costera. Las imágenes de taludes debilitados, estructuras expuestas y material rocoso cayendo a plena luz del día han encendido las alertas.

La situación se agrava por la sobrecarga inmobiliaria en zonas de alto riesgo, la falta de mantenimiento estructural y la presencia de edificaciones construidas sin supervisión técnica. A esto se suma el largo silencio sísmico que mantiene en tensión a expertos del Instituto Geofísico del Perú, quienes advierten que Lima no está preparada para un sismo mayor. Todo indica que no se trata de “si habrá” una emergencia estructural, sino de “cuándo”.

«El tiempo que tenemos para reaccionar ante un colapso estructural es mínimo. Y ese tiempo se reduce aún más si no hay forma de anticipar lo que ocurre dentro de la estructura», señala Julio Miranda, CEO de Estructuras, especialista internacional en atención de emergencias estructurales con experiencia en zonas sísmicas como Puerto Rico y el Caribe.

Desde su experiencia, la vulnerabilidad de Lima no se limita a la antigüedad de las estructuras ni a los factores globales habituales como el cambio climático. Miranda identifica una combinación particularmente peligrosa en el Perú: «La densidad poblacional, el tráfico, la falta de control técnico y, sobre todo, la integración sin planificación entre construcciones formales e informales, elevan el riesgo de forma exponencial. Muchas edificaciones no cuentan con documentación formal de ingeniería, lo que impide incluso realizar inspecciones tradicionales».

A esto se suma una amenaza estructural poco visible pero crítica: las ampliaciones sin criterios técnicos que afectan el comportamiento del conjunto construido. “Cuando una construcción informal se integra básicamente a una formal —sin alineamiento de códigos ni estructuras compatibles— el riesgo se linealmente, afectado a ambas”, advierte Miranda.

Frente a este escenario, el especialista sostiene que es clave establecer parámetros objetivos sobre el comportamiento normal de una estructura, con base en datos: “Solo así es posible detectar cuándo una edificación comienza a operar fuera de sus tolerancias y activar decisiones antes de que sea demasiado tarde”.

En Lima, más del 70 % de las construcciones son autoconstruidas, muchos sin estudios de suelo ni cálculo estructural. Y en distritos como San Miguel, Magdalena, Miraflores y Barranco, edificaciones modernas conviven con acantilados erosionados, redes viales de alta carga y una humedad costera que acelera el deterioro.

El riesgo no solo es visible: también es silencioso. Las fisuras ocultas, la corrosión interna, los desplazamientos imperceptibles son señales que no pueden detectarse a simple vista, pero que definen la estabilidad de una estructura. En otros países, el monitoreo permanente ha permitido anticipar evacuaciones, prevenir colapsos y diseñar protocolos de mantenimiento mucho antes de que aparezcan daños visibles.

La experiencia internacional es clara: las ciudades que invierten en anticiparse, salvan vidas. San Juan, Ciudad de México y Santiago lo han comprobado con concretas acciones tras eventos que marcaron sus historias. Lima aún está a tiempo, pero ese margen se acorta cada día.



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