
Se inician las clases en la escuelita de El Especial del Humor y la guapa y sensual profe Lucecita da la bienvenida a sus disparatados y peculiares alumnos :
Profesora: ¡Muy bien, Arturito!… ¡Me da gusto que en el primer día de clase de este año, usted sea el primero en llegar!
Arturito: Gracias señorita. Y eso que en la mañana tuve que darle de comer a un chimpancé que me encontré el otro día en la calle.
Profesora: ¿A un chimpancé?… ¿Y por qué no lleva al pobre animalito al Parque de Las Leyendas?
Arturito: ¡Sí lo he llevado, señorita, y le gustó mucho!… ¡Por eso, siguiendo con los paseos, esta noche nos vamos al cine y mañana a la playa!
Profesora: ¡Ya, déjese de payasadas y dígame si va a venir algún alumno más!
Arturito: ¡Claro que sí, señorita!… ¡Ahora que estamos hablando de animales, van a venir todos mis amigos de Los Thundercats, y el primero es Leono!
(Entra Leono con la espada del agurio)
Leono: ¡Thunder… Thunder… Thundercats!… ¡Ohhhhh!… ¡Yo soy Leono, vengo del cubil felino y esta es mi espada del augurio!
Profesora: ¡Oiga, no va a venir aquí a usar esa espada que es muy peligroso!
Leono: No se preocupe, señorita, que esta espada no es para pelear. Es para ver más allá de lo evidente.
Profesora: ¡Déjese de majaderías y dígame por qué llegó tarde!
Leono: Señorita, llegué tarde porque estaba buscando a mi hijo que se había perdido. Resulta que ese muchacho ha salido igualito a mí, súper eléctrico, y ya ha estado con todas las leonas del bosque, las panteras, las monas, las gorilas, en fin, ve una hembrita y no perdona. Pues mi hijo estaba perdido como tres días, y después de tanto buscar lo encontré tirado en el monte, justo cuando dos hienas se estaban acercando a él.
Profesora: ¿¡Él estaba tirado en el monte y dos hienas se le acercaban?!
Leono: ¡Sí!… Entonces yo, como el buen padre que soy, le grité: “¡Hijo, no te preocupes que ya llegué!”, y el mañoso me contesta .¡Viejo, no grites que me espantas a las hienas!… ¡También le quería dar curso a las hienas!
Profesora: ¡Bueno, ahora siéntese y cállese la boca!. Arturito, ¿va a venir otro alumno?
Arturito: ¡Sí señorita!… ¡Ahora es el turno de Phantro!
Phantro: Buenas señorita.
Profesora: Phantro, ¿me puede decir por qué ha llegado tarde?
Phantro: Señorita, lo que pasa es que fui testigo de algo que me impactó profundamente, y eso demoró mi llegada.
Profesora: ¿Y qué fue lo que vio?
Phantro: Estaba caminando por el bosque, cuando de repente vi un león enorme y fuerte, con una tremenda melena, que caminaba majestuoso por el valle. En eso dos leonas lo ven pasar y se quedan mirándolo súper enamoradas. La más mandada le gritó: ¡Papacito eres una muralla!… ¿y sabe qué le contestó el león?
Profesora: No, ¿qué le contestó?
Phantro: ¡Muralla, no… Mirella!
Profesora: ¡Vaya a sentarse!… ¿Ahora sí podemos empezar la clase, no Arturito?
Arturito: ¡Todavía señorita, porque ahora viene el malvado Munra!
(Entra Munra)
Munra: ¡Espíritus del mal, transformes este cuerpo decadente en Munra, el inmortaaaaal! (LUEGO DE UNOS SEGUNDOS, SE MIRA) Creo que algo salió mal porque sigo con este cuerpo decadente.
Profesora: Así que usted es Munra, el mutante. ¿Y me puede decir por qué ha llegado tarde?
Munra: Señorita, lo que pasa es que me quedé conversando con mi suegra sobre la reencarnación
Profesora: Ah, qué interesante.
Munra: Así es. Primero ella me preguntó en qué me gustaría reencarnarme, y yo le dije que en un águila. Después yo le pregunté en qué le gustaría reencarnarse a ella, y mi suegra me contestó que en una víbora, pero eso va a ser imposible.
Profesora: ¿Y por qué su suegra no va a poder reencarnarse en una víbora?
Munra: ¡Porque uno no puede reencarnarse en lo que ya es!
Profesora: ¡Vaya a su sitio!… Arturito ¿ya podemos empezar la clase?
Arturito: ¡Todavía, señorita, porque ya está llegando Tigro!
(Entra Tigro)
Tigro: Buenas, señorita.
Profesora: Buenas, Tigro. ¿Me puede explicar el motivo de su tardanza?
Tigro : Sí, señorita. Salí del bosque a toda velocidad para llegar temprano, y justo a una cuadra del colegio, vi que en una esquina estaba parado un cieguito. De repente se le acerca un perro, y sin motivo alguno levanta la pata y le hace la pila encima.
Profesora: ¡Qué terrible!
Tigro: Sí, señorita. Entonces, después de que el perro le hizo la pila encima, el ciego se agacha y lo empezó a acariciar. Yo me acerqué conmovido y le dije: “señor, me da mucho gusto que después de lo que le ha hecho ese perro, usted lo esté acariciando”, y el ciego me contestó: “¡Cuál acariciando!… ¡Le estoy buscando el hocico para reventarlo a patadas!”