LIMA –
Este 5 de julio Venezuela celebrará su Bicentenario aunque posponiendo su original plan de hospedar a la cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC).
Esta entidad nació el 23 de febrero del 2010 tras la 23ra cumbre del Grupo de Río en el Caribe mexicano.
En julio 2010 se encargaron al presidente «socialista» de Venezuela, que será la sede de esta cumbre, y al «conservador» de Chile, que será el anfitrión de su cita en el 2012, para coliderar el foro y las propuestas para darle a éste un nombre y estructura permanentes.
Ambos tienen agendas diferentes. Mientras Chávez quiere que ésta repudie los TLCs con EE.UU. y se construya como un bloque antiEE.UU., Piñera desea que ésta colabore con EE.UU. y ayude a desarrollar un capitalismo liberal.
La CELAC incluye a todas las 20 repúblicas latinoamericanas (las 18 que hablan castellano más Brasil y Haití), a 12 naciones anglo-parlantes y a Surinam (de habla holandesa).
Honduras no pudo integrarse debido a las sanciones que se le aplicó tras el golpe contra Zelaya.
Los únicos países de las Américas que no conforman ésta son los dos gigantes del norte (EE.UU. y Canadá) y todas las dependencias de Reino Unido, Holanda, Francia y Dinamarca en el continente.
Varios miembros de la Alternativa Bolivariana de Nuestra América (ALBA) creen que este nuevo organismo debe anular a la OEA, a la cual Castro tildó de «ministerio de colonias de EE.UU.» y en cuyo seno no desea entrar.
No obstante, la CELAC no nace como un «bloque antiimperialista».
Salvo la situación de las Malvinas, ninguno de sus miembros pide la retirada de las potencias europeas de más de una docena de dependencias de éstas en las Américas.
Todas las 12 naciones anglo-hablantes son parte de la Commonwealth británica presidida por la reina Elizabeth II; y la mayor parte de éstas aceptan que además su jefe de Estado siga siendo ella (incluyendo a 2 de los 8 integrantes del ALBA).
México, Colombia, Perú y Chile conforman el bloque de las 4 mayores naciones hispanas del Pacífico con una agenda común pro-libre comercio con EE.UU., Europa y el Asia. La mayoría de Suramérica opta por recetas proteccionistas. La situación de Perú con el nuevo presidente está por definirse (aunque Humala ha descartado cambios radicales).
A la rivalidad entre el Oeste y el Este de la región se suma la que hay entre sus dos repúblicas más pobladas. México, liderada por la centro-derecha pro-economía abierta de mercado, es parte del NAFTA (TLC de Norteamérica). Brasil, en cambio, es presidida por el Partido de los Trabajadores que aplica políticas proteccionistas y quiere tener la última voz en conflictos que van desde Honduras hasta Haití (donde lideró el contingente militar internacional).
México ha querido usar la CELAC (en cuyo país nació) como una suerte de contraofensiva diplomática ante la UNASUR (el bloque de 12 naciones suramericanas hegemonizado por un Brasil que contiene a la mitad del área y de la población de éste).
«OEA y CELAC»
LIMA – En abril de 1948 Bogotá fue el escenario de dos importantes acontecimientos mundiales.
El 9 de abril el popular líder liberal Gaitán fue asesinado abriéndose la era de la violencia que desde entonces hasta hoy no para en la más poblada república hispana de Suramérica, la misma que ha producido más de un millón de muertos.
El 30 de abril allí mismo, aunque mudando la sede de sus deliberaciones debido a los tumultos, se fundó la Organización de Estados Americanos (OEA).
Desde su nacimiento hasta hoy, la OEA no se ha desprendido de esa historia de convulsiones en la que nació.
A pesar de estar liderada por la mayor potencia de todos los tiempos (EE.UU.) y de ser el mayor bloque inter-estatal que hay (sus 35 miembros suman más de 40 millones de kms2), la OEA ha ido perdiendo gran parte de su impulso inicial.
La OEA es la heredera del panamericanismo que sostiene que en todo el continente debe haber una unidad (aunque ésta acaba bajo la hegemonía de EE.UU.) y sirvió para que todo el hemisferio siguiera una línea acorde con la de Washington.
La OEA nunca cuestionó a la Casa Blanca por sus diversas intervenciones militares en el Caribe o por los golpes en Guatemala (1954) o Chile (1973), aunque sí excluyó a Cuba, cuando ésta se alió con los soviéticos.
Tras la caída del Pacto de Varsovia en 1989-91 y la transformación de los EE.UU. en el «policía de la globalización» capaz de intervenir en distintas latitudes para imponer sus políticas, parecía que el resto de las Américas iba a seguir el «consenso de Washington».
Sin embargo, el pase a la unipolaridad también implicó el inicio de un paulatino distanciamiento del sur y centro de las Américas. Bajo la idea de que había que conquistar nuevos mercados en la globalización y de que ya no se necesitaba a un patrón que cuidase a su «patio trasero» para que no se infectase del «comunismo», América Latina fue buscando nuevos socios, empezando por la nueva Unión Europea.
En 1991 nació la primera de las 20 cumbres anuales iberoamericanas en las cuales, por primera vez, todas las naciones latinoamericanas se unían sin EE.UU. y Canadá, pero con otras 2 potencias (Portugal y España), la misma que constantemente marcaba sus distancias ante el boicot estadounidense contra Cuba.
Luego, el desarrollo del Mercosur, de la ALBA y de la UNASUR mostró que en Suramérica se gestaba un polo más autónomo.
A medida que en la región han surgido gobiernos planteando la multipolaridad y que Brasil pasaba de ser el eterno soporte del panamericanismo pro-Washington a buscar desarrollar un contrapeso regional, es que en el 2010 se realizó en la costa maya mexicana la 1era cumbre de países de América Latina y el Caribe. Esta misma en julio debe reunirse en Venezuela para adoptar un nombre y estructura finales.
Por el momento nace como otro espacio ante la OEA, aunque Chávez y Castro quisieran que ésta la enterrase.