
El Premio Nobel 2010, el peruano Mario Vargas Llosa afirmó que sin ninguna duda «la literatura es fuego”, ya que también sirve para despertar el espíritu crítico de los lectores.
“Los hace mucho más sensibles a lo que son las deficiencias del mundo en el que viven, y al mismo tiempo despierta en ellos deseos, anhelos, apetitos, y eso es para mí un motor del cambio, del progreso histórico», manifestó el escritor a BBC Mundo.
Vargas Llosa, galardonado con innumerables reconocimientos literarios, recordó el primer premio de su fructífera carrera.
«Dicen que uno recuerda siempre el primer premio como el más emocionante, yo lo recibí cuando estaba todavía en el colegio, en la secundaria, con una obrita de teatro que se llamó ‘La huida del Inca’, que escribí cuando tenía 14 o 15 años, y que ganó el segundo premio en un concurso de teatro infantil en el Perú», comentó.
El autor de «La ciudad y los perros» reconoció también la importancia de tantos autores y la «gran vitalidad de la literatura latinoamericana».
Resaltó, sin embargo, que si hay algo que distinguía a los escritores del boom latinoamericano era el compromiso.
«Mi impresión es que los escritores de las nuevas generaciones, con algunas excepciones, desde luego, están mucho menos interesados en los temas políticos, sociales, que los escritores de las generaciones pasadas», anotó.
«Es verdad que hoy día hay muchas menos dictaduras que en el pasado, en muchos países mal que mal se han establecido sistemas democráticos, aunque sean imperfectos», refirió el novelista, «y eso, me parece, ha desmovilizado políticamente a muchos escritores y a la literatura en general».
Vargas Llosa añadió que eso es un gran cambio con lo que ocurría en América Latina hace digamos 30 años, en donde era casi obligatorio que el escritor de alguna manera se comprometiera en una actividad cívica, en una actividad política al mismo tiempo que en su trabajo intelectual y literario.
También explicó cómo altera el Nobel los días de un escritor consagrado citando a su colega húngaro, Imre Kertész, que fue galardonado en 2002.
«Un año después de haber recibido el premio Nobel le preguntaron cuál había sido su experiencia y dijo una fórmula que me parece que es muy exacta: felicidad y destrucción, y eso de destrucción yo lo he vivido en carne propia, porque lo que es mi vida acostumbrada, que está muy centrada sobre mi trabajo, voló en pedazos», anotó.
Igualmente, reconoció que no se imaginaba la repercusión mediática que tenía el premio.
“Sabía que había una enorme curiosidad, porque hay muchísima publicidad en torno, pero la verdad es que la realidad ha superado todo lo que yo podía sospechar al respecto», anotó el autor de «Conversación en la Catedral».
«Tengo la esperanza de que a partir del 10 de diciembre, una vez terminada la ceremonia de entrega del premio, ya toda esta curiosidad mediática desaparecerá y volveré a mi trabajo acostumbrado», apuntó.