“No solo los chanchos vuelan” es el nombre de la más reciente muestra del escultor peruano Aldo Shiroma que hoy abre sus puertas en la galería Fórum de Miraflores.
Esta exposición, que estará abierta hasta el 5 de enero, implica que los chanchos sí vuelan. Y viendo sus esculturas móviles, cohetes, aviones y curiosos robots tripulados por jabalíes, conejos y lemuerlélulas (mezcla de lemures con libélulas), creemos que todos los animales quieren y pueden volar.
Si bien la exposición responde a un duro trabajo técnico, con estudios de cinética y movimiento, los trabajos de Shiroma son una suerte de juguetes.
“La imaginación permite entender el mundo de otra forma. No me importa si es arte serio o no, creo que la gente se divierte”, admite el artista.
Las palabras tiernas son necesarias para referirse a estas esculturas. Es un espacio para jugar, para niños y adultos con algo de niño.
“Es una muestra que buscaba hacer desde hace años, a partir de la idea de volar llevado al mundo de ensueño y llegar a lo lúdico”, explica el artista.
Y, sí, con influencia de los móviles del norteamericano James Calder, cuyas grandes obras pudo ver en un viaje de estudios a España, convirtió la técnica calculada en un mundo fantástico y dinámico.
En parte, esa fantasía surge de los animales que usa, una característica de Shiroma en todas sus muestras. “Los elijo por época, un tiempo fue el oso, ahora el jabalí, creo que soy un poco como él, primo salvaje del chancho”, dice el artista.
Muchos de los aparatos que usan para volar surgieron de una obsesión del artista por los dibujos animados. “En mi niñez, mi mejor amigo fue un televisor con caricaturas. Y cuando no daban caricaturas, las dibujaba, o las hacía con cajas de cartón o lo que encontrara”, confiesa el artista.
Esa actitud intuitiva y emocional lo lleva incluso a comprar objetos curiosos como ollas en los mercados. Una de las esculturas en forma de robot surgió de dos platos metálicos.
“Cuando los apilé uno encima de otro, la vendedora me dijo que así no se usaban”, ríe Shiroma. La risa por los objetos vistos de otra forma, en una muestra para jugar y arrancar sonrisas.
Shiroma acaba de terminar una maestría en arte público en Valencia, España, para ampliar la influencia del arte en ciudades como Lima. “Es necesario recuperar zonas deterioradas para la misma población, con esculturas que generen un espacio porque la gente las usa: que se siente en ellas, por ejemplo”, explica.
Asimismo, asegura que no es solo que falten esculturas en la capital, sino que no se piensa en su fin. “Pensamos en las esculturas como monumentos y no es así. El arte en la calle debe unir a la gente construyendo espacios donde se pueda reunir», concluye Shiroma.